| Convivir con el Odio, es estar un poco Muerto. |
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| Escrito por jr |
| Miércoles, 18 de Noviembre de 2009 15:38 |
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Hace poco leí en una revista de investigación neurobiológica, un artículo que me llamó la atención, el artículo se titulaba “El Odio tiene lugar en el Cerebro”; en él señalaba el autor, que unos científicos ingleses habían descubierto algunas zonas del cerebro que se activan cuando las personas odian y que estas zonas eran diferentes a aquellas que se activan ante la presencia de sentimientos relacionados con el miedo o la cólera y que sin embargo comparten las zonas como el putamen y la corteza insular que se activan con el amor. Señalando además que los sentimientos de odio activan otras zonas que comúnmente se activan con sentimientos relacionados con las agresiones.
Pero lo que más me llamó la atención fue que, los estudios científicos se hicieron en varios cerebros pero motivados por fotografías de personas o hechos que estos odiaban o tenían una razón para odiar. Este estudio científico me confirmó definitivamente que el odio o cualquier otro sentimiento negativo es el producto de una decisión totalmente individual, es decir, es uno el que decide odiar, enojarse o entrar en un estado de ira o simplemente, no odiar, no enojarse y no irritarse. De tal modo que las frases: “Me hizo enojar”, “perdí el control”, etc. etc. son simplemente pretextos para justificar una mala elección. El odio es un sentimiento generado por una situación de enojo descontrolado frente a una frustración, siendo, pues, el enojo una elección, es decir “nosotros elegimos enojarnos”.Son sabidas las consecuencias de nuestros actos, cuando de por medio, está la ira, el enojo o el odio; sentimientos que conllevan a comportamientos hostiles. La elección y la responsabilidad son principios inseparables, por lo tanto, la elección de no tener ira, de no enojarnos y de no odiar; es una sabia decisión, sobre todo en nuestra trato con la familia, con ellos nunca debemos abrigar esos sentimientos, muy por el contrario, a nuestra familia los debemos guiar “por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero”.El Amor, El Odio y El Perdón. Ser Resiliente.Del odio al amor solo hay un paso, es una frase muy conocida, incluso diría yo, una frase trillada, hasta cierto punto una frase siútica. Sin embargo hay mucha gente que la tiene en cuenta, sobre todos aquellos que siendo rechazados y odiados por la persona de sus sueños tienen la esperanza de alcanzar su amor algún día.Es una frase interesante porque se ha logrado enlazar dos conceptos totalmente opuestos, el odio y el amor.El Odio es una intensa antipatía y aversión hacia alguna cosa o persona, mientras que, el amor, es una profunda devoción y afecto. En Wikipedia, leemos los siguientes conceptos: “El odio es un sentimiento negativo, de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, situación o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir aquello que se odia”. “El amor es considerado como un conjunto de comportamientos y actitudes involuntarios y desinteresados, que se manifiestan en seres capaces de desarrollar inteligencia emocional o emocionalidad”.Estos dos sentimientos, encontrados de por sí, son vitales en el quehacer cotidiano de las personas, muchas veces por situaciones sin mayor importancia, el hombre, intercambia estos sentimientos, una profunda amistad, con amor, puede tornarse en aversión y antipatía, es posible entra en ira y por lo tanto en odio, como consecuencia de ello, es posible que pueda hacer y/o cometer un desatino que más tarde le cause pesar.Cuando se tiene amor, el perdonar, disipa el odio. Young comparó el sentirse ofendido a la mordedura de una víbora. Dijo que “hay dos formas de actuar cuando a alguien lo muerde una serpiente de cascabel: una, perseguirla y matarla debido a la rabia, el miedo o la venganza; o tratar de sacar rápidamente el veneno del cuerpo”. Dijo: “Si hacemos lo último, lo más probable es que sobrevivamos, pero si decidimos hacer lo primero, es posible que no vivamos para terminar la tarea”.Permítanme ahora tomar un momento para recalcar que en primer lugar debemos asegurarnos de no causar mordeduras espirituales o emocionales a nuestra familia. En gran parte de la cultura popular actual, se menosprecian las virtudes del perdón y de la bondad, mientras que se fomenta la burla, la ira y la crítica severas. Si no tenemos cuidado, podríamos ser víctimas de esos hábitos en nuestro hogar y en nuestras familias, y al poco tiempo empezaremos a criticar a nuestro cónyuge, nuestros hijos y demás familiares. ¡No lastimemos con críticas egoístas a quienes más amamos! Dentro del seno familiar, las discusiones insignificantes y las críticas sin importancia, si no las detenemos, envenenarán las relaciones y se intensificarán hasta llegar al distanciamiento e incluso al maltrato y al divorcio. En vez de ello, al igual que el veneno ponzoñoso, debemos actuar rápidamente para disminuir las discusiones, eliminar las burlas, evitar la crítica y disipar el resentimiento y la ira. No podemos darnos el lujo de cavilar en esos sentimientos peligrosos, ni siquiera un día.El perdón no requiere que aceptemos ni toleremos la maldad ni que hagamos caso omiso del mal que nos rodea o al de nuestra propia vida. Pero al luchar contra lo malo, no debemos permitir que el odio ni la ira controlen nuestros pensamientos o acciones.Eso no quiere decir que perdonar sea fácil. Cuando alguien nos ha lastimado a nosotros o a aquellos que amamos, el dolor puede ser casi insoportable. Parecería que el dolor o la injusticia es lo más importante del mundo y que no hay otro remedio más que la venganza. Podría resultar muy difícil perdonar a alguien el daño que nos haya hecho, pero cuando lo hacemos, nos encaminamos hacia un futuro mejor. El mal que nos haya hecho otra persona deja de controlar el curso de nuestra vida. El perdonar a los demás nos libera para escoger cómo viviremos. Estudios serios indican que quienes perdonan, son más felices, en todo sentido. Boris Cyrulnik, una eminencia en Resiliencia a nivel mundial, nacido en Burdeos en 1937 en una familia judía, sufrió la muerte de sus padres en un campo de concentración nazi del que él logró huir cuando sólo tenía 6 años. Tras la guerra, deambuló por centros de acogida hasta acabar en una granja de la Beneficencia. Por suerte, unos vecinos le inculcaron el amor a la vida y a la literatura y pudo educarse y crecer superando su pasado. No es ni mucho menos gratuito que el Dr. Cyrulnik haya indagado tan a fondo en el trauma infantil: con siete años vio cómo toda su familia, emigrantes judíos de origen ruso, eran deportados a campos de concentración de los que nunca regresaron. "No es fácil para un niño saber que le han condenado a muerte". Era el típico caso perdido, un "patito feo" condenado a llegar a la edad adulta convertido en un maltratador, un delincuente o un tarado. Tuve el privilegio de conocerlo cuando vino a chile, gracias al apoyo de Ceanim.Perfectamente podría haberse llenado de odio, sin embargo genero otra actitud hacia si mismo, hacia la vida y desea ayudar a los demás.Existen muchos compatriotas que podrían tener un inmenso caudal de odio, por diferentes circunstancias, situaciones adversas incluso caer y ser antisocial, y sin embargo son verdaderos ejemplos, de lucha, amor y llenos de vida, por la vida.Cuidémonos de nuestra salud mental, seamos resilientes también.Juan Rodríguez L. Director Amdepa, Área Comunicaciones y TI Orientador Familiar Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla |










